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Del Molino a la Rambla

Si en el capítulo anterior intentábamos resumir el encanto del Molino de los Ojos, bien podemos ahora referirnos al encanto que supone recorrer el camino, que bordeando el Duero por su margen derecha nos conduce hasta allí desde la Presa.

La Presa, es un viejísimo azud que cortando la ribera izquierda separa un canal del Duero hacia un pequeño salto en el centro del pueblo (después hablaremos de esto); y frente a esta presa, en la margen opuesta, arranca un camino que nos lleva , aguas arriba, hasta el Molino de los Ojos.

El camino del Molino , que no llega a tres Km de recorrido llano, discurre entre chopos que protegen del sol en verano y alimentan una agradable alfombra en los meses fríos. el río, manso, siempre al lado del caminante, y delante un montón de posibilidades según cómo cada uno quiera disfrutar de su ocio. Unas veces será un paseo relajante y tranquilo, fórmula que los más mayores suelen utilizar aprovechando las múltiples opciones de descanso. Otras veces las áreas de barbacoa se convierten en el centro de reuniones de amigos o familiares ante una buena merienda. Quizá algún amante de la naturaleza prefiera observar las aves que frecuentan la zona. Los pescadores conocen cada uno sus rincones donde intentarán llenar la cesta. Muchos deportistas encuentran este camino como un lugar ideal para correr, andar o pedalear. Hay una fuente, praderas y mucho espacio natural. En fin, un lujo; pero no es el único.

El paraje, frente a la Presa, donde decimos que el camino arranca y termina se llama La Rambla. Es un rincón de la margen derecha donde tradicionalmente se han dado cita los practicantes de deportes acuáticos, nadadores y piragüistas. Más o menos en frente, está la alameda, zona arbolada próxima al azud, que comparte con La Rambla esa actividad deportiva., en la margen izquierda. También zona frecuentada y acondicionada para los bañistas, en este caso para los más pequeños. En medio, entre Rambla y Alameda, el Duero.

El río Duero aquí, represado, se nos muestra como una lámina casi estática de más de 50 mts. de anchura que lo primero que transmite es la sensación de serenidad, que no resulta disminuida por el color indefinido (entre verde y terroso) de sus aguas. Y es lo que hace que, sentarse a gozar de ese sosiego, sea uno de los atractivos que congregan a la gente en cualquiera de las praderas de sus riberas. Pero no solo la ribera. Cómo antes se citaba, el estado casi laminar del agua hace que para los amantes del deporte la Rambla se presente como una enorme piscina donde practicar natación o remo sin más límites que las propias fuerzas; porque si hablábamos antes de 50 mts. de anchura, la longitud puede ser 500, o 1000, o 2000…,depende de hasta donde cada uno quiera (pueda) llegar. Es otra forma de disfrutar de la tranquilidad de ese ambiente, pero esta vez desde el centro de la corriente. Recientemente se ha conseguido para este paraje la denominación de zona de aguas de baño natural, lo que puede potenciar la práctica de deportes de agua. Pero queremos insistir que los atractivos de este trozo de río son mucho más que las simples prácticas deportivas. Es una forma de disfrutar de la naturaleza quizá difícil de describir, pero es que imaginar la Rambla no es fácil.